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martes, 26 de marzo de 2013

comprendí…


Y después de todo comprendí… 
Que la vida realmente no era así, sino que tú la haces así.
Aprendí que una lágrima vale más que una palabra y que la valentía se demuestra caminando.
Que el miedo se supera y que la alegría se apaga.
Aprendí a ver rayos de sol en un día encapotado, pero también supe alcanzar el cielo y luego acariciar el suelo.
Comprendí que la vida siempre te brinda un brillante sol en el lugar y momento adecuado.
Me pregunté ¿Qué capacidades dormidas en mi tienen que salir a flote con este desafío?
Que lo que realmente te hace sufrir, no es la vida en sí… son tus expectativas respecto a cómo debería ser el mundo.
Y que al fin y al cabo somos lo que hacemos para cambiar lo que somos , que la vida se mide por aquellos impulsos irracionales que hacen que la palabra amar, esté más allá de un TE QUIERO.